han sido, durante años, mi pequeño refugio creativo. Incluso en las épocas en las que mi vida se reducía al trabajo de oficina, fueron ellas las que me empujaron a recuperar los pinceles. Cada diciembre volvía a pintar “solo una tarjeta más”, y sin darme cuenta se convirtieron en la chispa que abrió de nuevo la puerta al arte y al dibujo después de tanto tiempo.
Siempre me ha gustado ese gesto tan simple y tan humano: escribir a mano, timbrar, confiar en el viaje, no saber si la tarjeta llegará mañana, dentro de una semana… o si se perderá para siempre. Y aun así enviarla. Algunas de las más bonitas, de hecho, no llegaron jamás y por supuesto no volvieron nunca; estas están enmarcadas en casas de amigos y conocidos, como pequeñas huellas de aquel camino.
Este año he querido dar un paso más y preparar una tirada impresa para presentar mi marca y mi nueva web. En cada tarjeta encontrarás un QR que te trae directamente hasta aquí, a este espacio donde —al menos visualmente— siempre parece estar nevando un poco. Si ya has llegado, tómate un momento y pasa por el resto de la web. Quizá encuentres algo que te acompañe, igual que aquellas primeras tarjetas me acompañaron a mí.
Las tarjetas de Navidad
han sido, durante años, mi pequeño refugio creativo. Incluso en las épocas en las que mi vida se reducía al trabajo de oficina, fueron ellas las que me empujaron a recuperar los pinceles. Cada diciembre volvía a pintar “solo una tarjeta más”, y sin darme cuenta se convirtieron en la chispa que abrió de nuevo la puerta al arte y al dibujo después de tanto tiempo.
Siempre me ha gustado ese gesto tan simple y tan humano: escribir a mano, timbrar, confiar en el viaje, no saber si la tarjeta llegará mañana, dentro de una semana… o si se perderá para siempre. Y aun así enviarla. Algunas de las más bonitas, de hecho, no llegaron jamás y por supuesto no volvieron nunca; estas están enmarcadas en casas de amigos y conocidos, como pequeñas huellas de aquel camino.
Este año he querido dar un paso más y preparar una tirada impresa para presentar mi marca y mi nueva web. En cada tarjeta encontrarás un QR que te trae directamente hasta aquí, a este espacio donde —al menos visualmente— siempre parece estar nevando un poco. Si ya has llegado, tómate un momento y pasa por el resto de la web. Quizá encuentres algo que te acompañe, igual que aquellas primeras tarjetas me acompañaron a mí.
Las tarjetas de Navidad
han sido, durante años, mi pequeño refugio creativo. Incluso en las épocas en las que mi vida se reducía al trabajo de oficina, fueron ellas las que me empujaron a recuperar los pinceles. Cada diciembre volvía a pintar “solo una tarjeta más”, y sin darme cuenta se convirtieron en la chispa que abrió de nuevo la puerta al arte y al dibujo después de tanto tiempo.
Siempre me ha gustado ese gesto tan simple y tan humano: escribir a mano, timbrar, confiar en el viaje, no saber si la tarjeta llegará mañana, dentro de una semana… o si se perderá para siempre. Y aun así enviarla. Algunas de las más bonitas, de hecho, no llegaron jamás y por supuesto no volvieron nunca; estas están enmarcadas en casas de amigos y conocidos, como pequeñas huellas de aquel camino.
Este año he querido dar un paso más y preparar una tirada impresa para presentar mi marca y mi nueva web. En cada tarjeta encontrarás un QR que te trae directamente hasta aquí, a este espacio donde —al menos visualmente— siempre parece estar nevando un poco. Si ya has llegado, tómate un momento y pasa por el resto de la web. Quizá encuentres algo que te acompañe, igual que aquellas primeras tarjetas me acompañaron a mí.
Las tarjetas de Navidad